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sábado, 8 de septiembre de 2012

REGINA SILVEIRA: EXCESO, EXTRAÑEZA Y MAGIA

Regina Silveira: Exceso, extrañeza y magia
Por: Andrés Ramírez




I

Regina Silveira, nació en Porto Alegre, en 1939, es artista plástica y profesora de importantes universidades de Brasil. Fue alumna de Iberê Bassani de Camargo, polémico pintor y también profesor brasilero.



 

Tras su periodo académico, en donde se dedicó a la pintura y al grabado, Regina Silveira se interesó por el arte conceptual durante la década del 60, para luego trabajar en ilusiones y perspectivas con fotografía y vídeo-arte, convirtiéndose en una de las primeras artistas en utilizar equipos multimedia en Brasil durante los años 70. Posteriormente, realizaría una amplia gama de diseños abriendo con ello los horizontes de su proyecto artístico; finalmente en los años noventa, es cuando su obra emprende un recorrido internacional a través de una serie importante de exposiciones colectivas; sus más recientes exposiciones individuales son: Lumen, Palacio de Cristal, en el Museo Reina Sofia, Madrid (2005), Sombra Luminosa, en el Museo de Arte Banco de la República, Bogotá (2007), Ficções, en el Museo Vale do Rio Doce, Vila Velha, ES Brazil (2007), Tropel Reversed en Køge Art Museum, Dinamarca (2009), Linha de Sombra, en el Centro Cultural Banco do Brasil, Rio de Janeiro (2009), Abyssal, na Atlas Sztuki en Lodz, Polonia (2010), 1001 Dias e Outros Enigmas, en la fundación Iberê Camargo, Porto Alegre, Brasil (2011), Limits, en Rubin Center for the Visual Arts, UT El Paso, USA (2011) e In Absentia (Collection) en The Aldrich Contemporary Art Museum, Ridgefield, Co., USA (2012). Ha ganado numerosos premios y becas.

Actualmente es una de las artistas contemporáneas brasileras más representativas.





II

La propia artista reconoce que es a partir de los 90 que su obra se intensifica, no obstante, ello no se debe únicamente a los beneficios económicos recibidos durante esta época, sino más bien a la progresiva y creciente apertura creativa que tendría lugar, a partir de allí, a lo largo de su obra.


Regina Silveira manifiesta un interés por la creación grafica digital y por la intervención arquitectónica en donde se destaca el uso frecuente de adhesivos en sus intervenciones de espacios, tanto abiertos como cerrados, y medios de proyección a gran escala, para realizar una reflexión sobre la luz, la sombra, y las huellas, esto es, sobre la distorsión y el extrañamiento, propio de la experiencia de la devastación del sujeto; esto se realiza a través de un constante juego con la percepción visual y con la concepción lógica y trivial de los objetos, tal como se presenta en sus porcelanas atiborradas de insectos enormes y en los adhesivos como manchas y sombras sobre ventanas y muros, entre otros. En todos los casos Regina Silveira logra una correspondencia con determinados espacios arquitectónicos mágica, que en su exceso, constituye, justamente, una experiencia de extrañeza que lleva el sujeto a la ruina, pues su aparataje de comprensión del mundo se ve rebasado por la configuración misma de la obra. En este caso se trata igualmente de una experiencia trágica, en donde el sujeto estable se viene abajo, pero no por ello necesariamente se trata de una caída horrible, sino más bien de una agradable, en donde se da paso al asombro que porta lo improbable. En efecto, experimentar el exceso, el extrañamiento y la magia que entraña cada una de las obras de Regina es entrar en otra cosa que ya no puede ser y, sin embargo, es. Allí en el juego de luces y sombras, en la magnitud de sus intervenciones y proyección, como en su obra plástica, se propicia una configuración del espacio y de los objetos tal que quien experimenta es participe de una ruptura que, a fin de cuentas, es la que hace posible la obra.



En suma, la obra de Regina Silveira es un claro ejemplo de los alcances del arte contemporáneo.

Aquí les compartimos algunas imágenes más de su obra:





















Web oficial: http://reginasilveira.com/#
Entrevista:http://www.youtube.com/watch?v=Rt0LnO7kUZ4

viernes, 15 de octubre de 2010

Lo Público y la Universidad Pública

Siempre se ha pensado, por lo menos eso parece, que todo aquello que se dice pertenece a la esfera de lo público implica una apropiación de esto o aquello, a saber: esto es mío, aquello es mío, lo público es mío. Pues bien, suponiendo que esto fuese de tal manera que, todos siendo dueños de todo, dijéramos a las empresas del servicio de transporte público que nos dieran nuestra comisión, pues, como es algo público, somos dueños de ello, y ellos tuvieran que hacerlo, se “quebrarían”, pero no, así no es, Ellos son unos pocos, por no decir que son casi nadie, son aquellos que dominan, que monopolizan, y el carácter de público de sus empresas radica en el hecho de que gracias a las personas del común y corriente de la sociedad se sustentan sus empresas y familias, por tal razón, el pensar lo público para este caso radica en lo siguiente: lo público es aquello que sustentamos todos pero de lo cual no recibimos ganancias y mucho menos somos dueños.

Es decir, y a lo que se apunta en este caso con esta reflexión o como se le quiera llamar, es que, siendo optimistas, pesimistas, idealistas, o todos los ístas que se quieran, lo público no pertenece a Todos, más bien es todo aquello tan impersonal que se encuentra en la sociedad de consumo o de in-consumo, o simplemente en la mera sociedad. Se trata de pensar lo público como aquello que es de todos y para todos, pero este es sin la carga de apropiación (esto o aquello es mío) que siempre se le da. Pues poniendo el caso de las Universidades Públicas –U. de A.- y a propósito de la coyuntura actual, la comunidad piensa que este tipo de universidades pertenece a todo el mundo y se jactan diciendo: “la universidad es mía” “la universidad es de todos” “los que mandamos somos los estudiantes” “esto es del pueblo y para el pueblo”, qué fantástico resulta escuchar esto, pues en palabras todo aquello parece hermoso y como si realmente funcionara, pero NO, la universidad sólo le pertenece al Estado y le pertenece al pueblo por el hecho de que es éste –el pueblo, sus impuestos- lo que la mantiene viva, pero ésta no es razón para pensar que la gente con la universidad puede hacer lo que se le antoje, No. Pues es para el uso, disfrute y cultivación intelectual de todos, pero no para que por culpa de unos cuantos todo se “venga al carajo” y hagan de ella algo semejante a X o Y lugares de la ciudad, pues siempre han estado, pero como se dice popularmente: “se lo boletearon”.

Se nombran rectores, decanos, secretarios, etc., etc., etc. (y todo lo oculto en los etc.) para que controlen y gobiernen la universidad, lo que se supone “es de todos y para todos”. Lo que siempre se ha pensado: que es de la ciudad y todo eso, pero no, no es así, ya no sólo está destinada a una sola región, sino que gentes de todo el país y del mundo hacen en ella lo mismo que cualquier otro estudiante o habitante de la Universidad Pública, así que pensar en identidades y sentidos de pertenencia están fuera de lugar en la época actual. Lo público, para este caso la universidad, se convierte en el lugar propicio para llevar a cabo todas las “marañas” y sometimientos que a unos cuantos se le antoja, pues la idea suprema de pensar la Universidad Pública como aquello que pertenece a Todos se distorsionó y malinterpretó tan abruptamente que toda la ciudad se metió en ella: los drogadictos, “gamines”, “neas”, “patos”, ¡hasta la fuerza pública, por favor!, la gente que va sólo a conciertos, etc., etc., etc., y todo lo demás; es decir, la universidad se convirtió en un lugar tan parecido al centro de la ciudad, pues casi que hay casinos clandestinos, ventas que no permiten el caminar tranquilo y prácticamente no dejan mesas libres para sentarse a las personas cualquiera, en fin, el caso aquí no se trata de ver esto como puntos negativos, sino como claros ejemplos de la transgresión, malinterpretación y tergiversación de lo público: creer que es –lo público- el espacio donde todo es de todos, por tal razón mío y en consecuencia hago lo que quiero.

La esfera de la Universidad Pública lleva unos niveles de privacidad extremos, pues nadie realmente sabe qué pasa en ese lugar, y los que, en apariencia, saben la respuesta se quedan callados y siguen tejiendo la red que llevará al caos, al desastre a ya no pensar en la apropiación de la universidad, sino a vivir en la expropiación de ella. Toda la comunidad universitaria y visitante son los culpables de la situación actual de la universidad, y cuando se hace referencia a Todos se está queriendo decir TODOS, sin excepción alguna, desde el estudiante más “mojigato” hasta el más “nerd”, “cuadernero”, “zolapado”, etc., etc., etc., (bis) claro, también desde el profesor más borracho, más “teso”, más arrogante, más capacitado, PH D en tal o cual cosa, hasta el cargo más alto de la universidad –mejor no hacer mención a éste, la culpa es de Todos, así que la solución debería ser de Todos, pero, como es bien sabido en “la viña del señor”, siempre manda el montoncito que decide lo que va y no va a pasar.

En síntesis, la idea que se propone con esto no es criticar, salvar, o denunciar (demás que todo eso también, pero es lo menos importante), sino de hacer pensar lo público en los términos reales de esto, es decir, aterrizar y bajarse de la nube que hace pensar que esto es mío y aquello es mío y todo es mío (si se le da trascendencia a esto en otro campo tal vez sea posible), sino, más bien, pensar que lo público es del Estado, y todas las voces pueden manifestarse, sí, obvio que sí, pero no implica que sea la única y última voz, si se quiere hacer algo que de verdad solucione algo pues se hace, pero no con un “puñado” gritando en la misma calle todas la veces, sino algo que se extienda, algo que provoque un caos, la parálisis, la pérdida de tiempo, dinero y vidas si es posible, una puesta en marcha de una acción popular, ejemplos claros: lo sucedido en Grecia hace unos meses, en Bolivia, en Francia allá antaño, o en España allá más antaño, o lo sucedido hoy en Ecuador, cosas que de verdad se sientan para lograr un cambio; el diálogo en teoría es lo más conveniente, pero en un país en dónde el 90% o más de la población no escucha ¿qué se puede hacer?

N.N

sábado, 24 de julio de 2010

Devastación


DEVASTACIÓN

Sobre una pintura de Beksinski



Beksinski nació en Sanok, Polonia (1929-2005). Este pintor y fotógrafo contemporáneo, tal vez el más representativo del arte polaco, brilla por su peculiar manejo técnico y su incomparable desarrollo temático. En Cracovia estudió arquitectura, lo cual se hace evidente en gran parte de su obra, y de regreso a su pueblo natal trabajó durante un tiempo ejerciendo con desgano su profesión, en esta misma época -alrededor de 1955- incursionó en el arte, asunto al que dedicaría el resto de su vida.
Su obra no presenta en general grandes cambios ni giros conceptuales, lo cual en ningún momento indica que su obra haya caído en determinaciones cíclicas, reiteraciones aburridoras y mucho menos en la auto-imitación. Cada pintura, cada fotografía, logra en sí misma la expresión más alta de lo que allí se despliega. A menudo se le ubica en el movimiento del surrealismo mágico, de hecho él mismo nombra parte de su desarrollo (desde inicios de los 70 hasta finales de los 80) "Periodo fantástico", momento que lo ha hecho reconocido por sus características visiones apocalípticas y desgarradoras con gran precisión en el detalle y en el contenido conceptual. No obstante, es mejor evitarse la molestia de encasillar a un artista tan grandioso y de agotar la relevancia de su obra en la correspondencia a un movimiento artístico específico. Su obra se despliega sobre sí misma en lo inagotable, cada detalle obsesiva y meticulosamente puesto, cada tono especialmente preparado para lograr eso que allí se logra, son asuntos que no permiten captarla por fuera de ella.
Luego en 1977 antes de irse a Varsovia quemó varclásica, o que murió apuñalado por negarse a prestarle dinero al
hijo de la señora que se encargaba de sus cuidados, o que murió en el mismo mes en que nació, o sea, en febrero. En cambio sí interesa contundentemente el hecho de que su obra tenga un desarrollo temático tan persistente y evidenciado, que tenga un hilo conductor tan claro: La devastación.
Sus obras siempre reflejan la caída, el derrumbe, la deformidad, allí todo deviene hueso, alambre, ruinas, cementerio, niebla, donde lo que se establece claramente no es claro, amalgama indeterminada, confluencia de restos, calaveras, espectros, desgarramientos, extravío, distancias, desfiguración. Pero ¿no expresa esto más allá de un desvanecimiento particular del artista la condición inmediata del hombre contemporáneo? ¿No es la devastación la experiencia que tiene el ser humano de sí mismo y del mundo?

II

¿Qué es la devastación? Es el desplome o el derrumbe de una edificación, la devastación es un agente impersonal, el devastador desaparece y lo que queda es lo devastado que evidencia la devastación como acontecimiento. La devastación
acontece en el tiempo fulminante, no perdura sino que se sucede a sí misma como huella que apunta hacia sí, es decir, ella nunca se hace presente, sino que siempre es presencia imperceptible, no se puede señalar, es lo que sobreviene y sólo deja el estrago. De la devastación sólo queda lo devastado como único signo, esa es su manifestación. Lo que cae reitera en una afirmación implacable su eficacia destructora, no deja nada en pie: Ruinas, escombros.
La devastación no se dice de aquello que desaparece sin más, por el contrario se dice de aquello que queda pero como derrota, como lo caído, las ruinas donde no provoca volver a construir, ella siempre alude a lo que queda, y lo que queda es su signo, su memoria imborrable, su eternidad.
No tiene el sentido de la demolición, pues demoler da paso a una nueva construcción, al contrario la devastación es el lugar desierto y lleno de escombros que permanece siempre como tal, ya sea aquí o allá, puesto que tampoco importa si lo devastado es esto o aquello, sino que lo devastado está ahí como evidencia de la devastación.
La devastación es lo insoportable, lo que siempre está por venir pero siempre ya se realizó, lo invencible porque no es algo contra lo que se puede hacer frente. Irremediablemente la devastación entraña el silencio atormentador que sigue al escándalo de la caída, la caída es desde cierto punto de vista hasta algo fantástico, sorprendente, pero después de la caída queda lo irreconocible, ante eso el mutismo es la única respuesta, gesto atónito, ella plasma el escozor terrible de lo que se avecina, se anuncia a sí misma como tal, como advenimiento que ya pasó y que pasará una y otra vez pues su prolongación no tiene fin. Nunca se desvela, tumbo todo, siempre deja con las manos vacías, hace de todo esfuerzo un acto inútil, no da cabida al recomienzo. Después de la devastación no queda más que lamentarse vanamente. Allí se ha perdido toda base, todo fundamento donde se puede erigir algo como el hombre desaparece, allí mismo el hombre es devastado.
La pintura de Beksinski se abre como el espacio de la devastación.

III

Esta pintura de Beksinski tiene tres componentes: El cielo, el rostro y la devastación.
El cielo, tal vez un cielo de ocaso por el tono amarillento, es el fondo, es decir, es el espacio donde se emplaza el rostro, tiene la peculiaridad de ser algo abierto y sin contornos. El cielo no es base ni terreno firme, sino que es donde no se puede erigir nada, se muestra siempre como algo distante e inaccesible (por algo es la imagen reconocida del paraíso), en el cielo ni siquiera puede mantenerse el polvo de manera inmóvil, allí todo es desplazado a la deriva por el viento, el efecto del cielo es la deriva, el extravío, no hay donde anclar, allí se flota y se sucumbe pues es el reino de la fragilidad. Cuando algo no tiene base se dice que está en el aire -como ese rostro está en ese cielo-.
De manera que el cielo es lo que antecede a la devastación, ya que él impide que allí se construya firmemente, el cielo propicia la fragilidad mediante la cual la devastación toma más fuerza, de hecho, el cielo mismo es la devastación pero bajo otra forma. El cielo mismo en esta pintura es el espacio de la devastación.
El rostro que está caracterizado por no pertenecer a alguien en particular, es el de cualquiera, indeterminado, sin límites. No representa en ningún momento lo logrado de un sujeto determinado o la posibilidad de lograrse, al contrario evidencia lo inacabado, el proceso inconcluso, la exhaustiva construcción columna por columna, es edificación no terminada que no encierra nada, pues dentro de dicho rostro no hay nada, así como dentro de una calavera no hay nada, es decir, espacio vacío ensombrecido por los huesos. El proyecto de construcción es entonces de antemano una empresa inútil ya que ahí no hay nada, no obstante se da una forma, forma de rostro que pretende establecerse allí donde nada se puede establecer, en el cielo.
Negligentemente pretende erigirse un rostro que nunca podrá ser concluido en el espacio donde no se puede erigir nada. Así el rostro no puede ser algo distinto que lo devastado, y en ese sentido señala la devastación, es su signo, su huella indeleble.
Ese rostro se viene abajo, se derrumba antes de ser concluido, y el cielo se funde entonces con la polvareda que la caída causa, la devastación pues acontece y borra los límites que desde el principio estaban precariamente definidos, y disuelve todo en lo abierto y conlleva al desarraigo definitivo, incluso desaparece el espacio vacío y negro que se hallaba dentro de la construcción, y el cielo se filtra de nuevo por entre las fisuras. El rostro deviene primero fragmentación y luego polvo, es decir, escombros, ruinas dispersas en el aire. Experiencia que el mismo Beksinski tuvo:
"Pero mientras ocasionalmente parezca que yo sé que es lo que estoy pensando, y que estoy pensando lo que pienso, y que eso me haga sentir bien como para decirle a alguien más lo que pienso que he estado pensando; estoy seguro de que no sé nada sobre mi pasado excepto todo, pero todo es lo mismo que nada"
A fin de cuentas, lo que se emplaza en el espacio que la pintura ha abierto no es el cielo ni el rostro, es la devastación.
Tal vez la certeza del derrumbe y de lo vano de erigirse como proyecto sabiendo de antemano el resultado, es decir, la inminencia de la devastación, su proximidad apremiante y continua, llevó a Beksinski a decir de su vida esto:
"Presumiblemente, nací, y haré mi mejor esfuerzo para no morir, pero estoy seguro de que no lo conseguiré"


Andrés Ramírez