lunes, 7 de junio de 2010

Escribir...

• "Escribir no está destinado a dejar huellas sino a borrar, por medio de las huellas, todas las huellas; a desaparecer en el espacio fragmentario de la escritura, más definitivamente de lo que se desaparece en la tumba; o también a destruir, a destruir de forma invisible, sin el estrépito de la destrucción.”

• “Te inspiran. — Extraña inspiración que sólo recibiré al expirar. —La inspiración es eso: la suerte, el tiempo de una expiración en donde toda habla te sería soplada antes de serte concedida.

Escribiendo cada vez más lentamente, más deprisa de lo que escribe.”

M. Blanchot

Diálogo a cuatro voces: Jonard Androp

DIÁLOGO A CUATRO VOCES


CAP. 1

-¿y quién fue alguien?
-No lo sé, no me preguntes
-¿Cómo, no sabes si fue algo o alguien?
-¡Qué! ¿Qué dices?
-Sí, fue o no fue, algo o alguien? ¡Ah! Qué lamentable.
-¿De qué están hablando? Déjenme jugar.
-¡Alguien! ¡Alguien! Es tan sólo alguien.
-pero no hables porque…
-¡Cállense! ¿Quién es alguien? ¿Tú eres alguien?

(eso se está poniendo pesado)

-¡no me importa! ¿tal vez no, tal vez si, será tal vez?
-que será, será, algo que será.
-No, no hablaba con ustedes, ven pequeño sigamos jugando.
-No digas lo que piensas, ¿de qué serviría?
- Sí, mejor no lo digas, mejor vivir con la esperanza de un quizás.
-Quizá, tal vez. Alguien será tan sólo alguien. ¡Será!
–Tantas preguntas, tantas molestias. ¿Quién? ¿Alguien? Me duele la cabeza.
–¡Ah! Siempre el dolor presente, pero ¿quién era el niño?
–No se preocupen ya regresé.
–En este punto se puede decir que ya hay alguien.
–¿Alguien? Pero no percibo su presencia.
–¿presencia? Para qué percibirla, mejor comer lo que hay que comer.

CAP. 2

–sí, pero no me presiones, sólo déjame hacerlo.
–Pero por qué no des-hacerlo, mejor vivir en la presencia-ausencia.
–¿Vivir? ¿Vivir? ¿Vivir? ¿Vivir? ¿Vivir?...
–¿Si tan sólo fuese eso?
–Y la muerte, y la muerte, y la muerte, y la muerte, y la muerte…
–Debe ser tan sólo algo, alguien, nada.
–Pero ¿por qué debe ser, cómo es posible que sea?
–mejor no seguir hablando de eso, la muerte se ha perdido y se ha ido. ¿Quién era el niño?
–sí, no sigáis os lo suplico.
–Pero un momento y ¿quién fue alguien?
– ¡El jugador! ¡El jugador!
–y ¿por qué hueles a sangre?
–porque huelo a sangre.
–AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!
–y el desespero se hizo ausencia presente.
–Por qué hablar de presente si pertenece al pasado, ¡No seas ridículo!
–Y nos perdimos en el tiempo, sin darnos tiempo.
–Pero el tiempo sólo era un niño jugando ¿No?
–Tal vez, pero insisto, ¿quién era el niño? ¿Eras tú, tú, tú o yo?
–Acaso no era alguien pequeño y eras tú, eras tú, eras tú, era yo.
–Era el morir, el caer, el no… ¿qué pasa?
– ¿Qué?

(Pero el niño se dio cuenta de que todo era fugaz y vano)